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Historia

Un teatro para un género... La Zarzuela

VÍCTOR PAGÁN

Desde su creación el Teatro de la Zarzuela -así como la Opéra Comique de París y la Volksoper de Viena- es el punto de encuentro de distintas generaciones de público y de todos aquéllos que se acercan a la cultura hispana. En este recinto, donde siempre se ha cultivado la música del género lírico español, se siguen cantando y oyendo las mejores obras de su repertorio.

Los orígenes de la zarzuela moderna se enlazan muy pronto con los de su primer y único recinto creado en todo el mundo para la gloria de la lírica española, el Teatro de La Zarzuela. La historia se remonta a los años cincuenta del siglo XIX, cuando los principales promotores del nuevo género: Francisco Asenjo Barbieri, Joaquín Gaztambide, Rafael Hernando, José Inzenga, Francisco Salas, Luis Olona y Cristóbal Oudrid, que habían constituido la Sociedad Artístico Musical, deciden ofrecer al público un local moderno y confortable -a tono con los nuevos aires que corren en la ciudad- junto a la céntrica calle de Alcalá. Después de varios años de éxitos continuados, en 1856, los arquitectos Jerónimo de la Gándara y José María Guallart y Sánchez construyen una sala creada para la ya popularizada zarzuela (sala en forma de herradura con tres órdenes de palcos).

La inauguración, que tuvo lugar el 10 de octubre de ese año, el día del cumpleaños de la reina Isabel II, cuenta con obras de Arrieta, Asenjo Barbieri, Carnicer, Gaztambide y Hernando. La decoración original del coliseo la realizan los pintores Francisco Hernández Tomé y Manuel Castellanos, y constituye un magnífico proyecto iconográfico que queda plasmado en el techo de la sala, sin embargo, tras las distintas reformas que sufre el coliseo desaparece.

 

«El teatro, en conjunto, es sumamente lindo, aunque de reducidas proporciones. Se ha desplegado bastante riqueza en los adornos, que por lo regular son de buen gusto. La embocadura es preciosísima. Si el techo no estuviera tan sobrecargado de figuras, retratos la mayor parte de nuestros poetas y artistas, antiguos y modernos, creemos que la obra del señor Castellanos,... hubiera producido mejor resultado. Hay mucho de capricho en la composición de los asuntos y en su desempeño. [...] El teatro está perfectísimamente dispuesto en forma de herradura, y sus condiciones acústicas son, a lo que parece, muy buenas, disfrutándose en todo él de una ilusión de óptica muy agradable.»
(La Iberia, N.° 683, 11-X-1856, p. 4)

 

Es en este escenario de la plazuela de Jovellanos donde se oye por primera vez Los magyares, El juramento y Una vieja de Gaztambide; Los diamantes de la corona, Pan y toros y El barberillo de Lavapiés de Asenjo Barbieri; El primer día feliz, Gigantes y cabezudos y La viejecita de Fernández Caballero; La bruja, La patria chica y El rey que rabió de Chapí; El arca de Noé y El bateo de Chueca; Don Lucas del Cigarral, Bohemios y La villana de Vives; La Mariblanca, La mesonera de Tordesillas y Baile de Capitanía de Moreno Torroba o No me olvides, Las de Caín y La casa de las tres muchachas de Sorozábal, entre otros muchísimos autores y títulos. Durante todo el siglo XIX y comienzos del XX la historia del género y del coliseo es escrita por los músicos y poetas, así como por los actores y cantantes, que día a día, con sus continuos estrenos y reposiciones, mantienen viva la zarzuela en su Teatro.

Célebre y popular, pero conocedor de su propio caracter, el Teatro de La Zarzuela entra en el nuevo siglo con los trabajos de los jóvenes autores que se inspiran en géneros como la opereta o la revista. Pero de igual manera se experimenta e impone la zarzuela de ambiente rural o regional. En estos años es significativo que la administración del coliseo está en manos de distintos empresarios, entre los más conocidos figuran Lleó y Vives (1908) o Moreno Torroba y Luna (1925).

Lamentablemente un incendio destruye todo el recinto en 1909, pero pronto el arquitecto Cesáreo Iradier lo reconstruye -sala forma de herradura con tres órdenes de balcones, palcos en los laterales y estructura de metal- y vuelve a abrir sus puertas en 1913. El Teatro mantiene su actividad de forma constante y sobrevive a la guerra, pero aunque se mantiene aún en pie decae su actividad de forma muy marcada. Sin embargo, no es hasta 1956, exactamente un siglo después de su construcción e inauguración, que el Teatro es adquirido, gestionado y reformado -escaleras, decoración y fachada- por la Sociedad General de Autores; en esta ocasión los arquitectos fueron Antonio Vallejo y Fernando R. Dampierre. Luego, entre 1964 y 1983, el Ministerio de Información y Turismo, junto a la Asociación de Amigos de la Ópera de Madrid, colaboran en la organización de los Festivales de Ópera. Y a partir de 1984 el Ministerio de Cultura (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música), como propietario absoluto del edificio, prepara las primeras temporadas líricas, que a falta de un teatro de ópera y un auditorio, acoge por igual espectáculos de Danza, Flamenco, Ópera y Zarzuela. Pero no es hasta 1994 cuando el coliseo es declarado Monumental Nacional. Y en 1998, después de las últimas reformas realizadas en el edificio, el recinto recupera el cometido original para el que fue creado en el siglo pasado: un teatro dedicado a la lírica española, inaugurando esta nueva etapa con El chaleco blanco de Chueca y La Gran Vía de Chueca y Valverde.

No hay que olvidar que este recinto es hoy el representante por excelencia del legado musical del país. Así que el Teatro de la Zarzuela ha mantenido siempre firme su máxima de ser un Teatro para un género... y un género para un Teatro. Hasta aquí esta breve historia del primer y único teatro de la lírica española, La Zarzuela, que en el año 2006 cumplió sus primeros ciento cincuenta años de vida artística.